La mujer samaritana… ayudar sin ver tu origen

“Todo el que tenga sed venga. Todo el que lo desee, que tome gratis el agua de la vida”

Apocalipsis 22:17

¿Has sentido que eres excluida de algún lugar sea por tu sexo o por tu origen racial? ¿Consideras que tu pasado define quién eres? Hoy veremos un relato de Biblia sobre la mujer la mujer samaritana, de acuerdo con algunos expertos religiosos su nombre es Fotina y su santoral de acuerdo a la Iglesia Católica es el 6 de mayo. El presente relato no tiene la intención de transcribir un pasaje bíblico, es mirar las oportunidades de aprendizajes a partir de esta hisotria: La mujer Samaritana.

Samaria es una región en lo que actualmente está Cisjordania, en esa región se encontraban varias ciudades incluyendo una del mismo nombre que fue la capital del Reino de Israel en el siglo IX y VII a. C. Siglos anteriores los asirios conquistaron Israel y obligaron a los judíos a migrar a otras ciudades; aquellos que permanecían terminaban casándose con sus conquistadores, generando una raza a la que decían que era impura. Esto generaba que los judíos los evitaran a toda costa, al punto que preferían evitar cruzar esa región y caminar muchos kilómetros adicionales con la finalidad de no entablar ningún tipo de relación ni conversación.

Esta historia pertenece al nuevo testamento y tiene como protagonista a Jesús, quien en un viaje  hacia Jerusalén decidió cruzar la región de Samaria, evitando ese recorrido extra que realizaban los judíos con la finalidad de no entrar en contacto con cualquier samaritano que encontraban en el camino. Durante ese viaje, en un momento de mediodía Jesús decidió descansar en un pozo de agua (el pozo de Jacob) donde la gente de la región extraía agua, en ese momento divisó a lo lejos la silueta de una mujer que se aproximaba con un cántaro.

Jesús siendo judío entabló una conversación con esa mujer, quien se había casado algunas veces y en ese momento ella convivía con un hombre con quien no estaba casada. Imagina este escenario para una mujer en el Siglo 1, una mujer no tenía derecho a pedir divorcio, los hombres podían divorciarse por cualquier situación incluyendo si le desagradaba como la mujer cocinaba, etc.

Si esa mujer se había casado 5 veces,  es probable que algunos hombres se hayan divorciado de ella y quizá fue viuda en otras ocasiones. Ahora si consideramos que ella estaba conviviendo con un hombre que no era su esposo, es posible que su último esposo no le haya extendido el divorcio. Ante esta crisis, esta mujer prefería ir a sacar agua al mediodía para evitar a otras mujeres en los horarios que era más fresco el día.

Ese día Jesús le dijo “Dame de beber”, este es un escenario confuso para la mujer samaritana porque un hombre le dirigió la palabra, el mismo que es judío y cuya petición sería considerado blasfemo (los judíos no podían comer nada que estuviera relacionado con los samaritanos porque era considerado impuro). Es decir que recibir agua de la samaritana era doblemente impuro:
1. Era samaritana
2. Convivía con un hombre que no era su esposo

Imagen tomada de jw.org

Ella sorprendida respondió con otra pregunta: “¿Cómo es que tú, siendo judío, me pides agua a mí, que soy samaritana?”. Jesús le respondió que si a Él pidiera agua, le daría agua viva, la samaritana le preguntó ¿cómo vas a sacar agua si el pozo está profundo y no tienes con qué sacar?. En esta conversación existe dos perspectivas: ella habla dela agua corriente del pozo y Él habla del agua viva o el evangelio de Dios.

Jesús le dijo que el agua que está ofreciendo es la de la vida eterna y la mujer samaritana respondió que quería beber de esa agua que estaba ofreciendo. Un punto de observación a esta parte de la historia, dos desconocidos que pertenecen a etnias diferentes que se evitaban a toda costa: están en una conversación sobre la conexión espiritual con Dios.

La conversación prosiguió y Jesús le pide a ella que traiga a su esposo para que acceda al agua viva, la samaritana le responde que no tiene esposo. Jesús le responde sobre sus 5 esposos y del actual hombre con el cual no está casada, al escuchar esto aceptó que era Profeta; Otro punto de orden en esta lectura, ella admitió que su pasado no le impide aceptar un mensaje de paz. Aceptar la realidad le permitió diseñar la vida que ella estaba consciente que podía tener; el escuchar a Jesús y compartir la noticia de la presencia del Maestro a otras personas generó lo que empezó como un encuentro fortuito en el pozo se extendiera en una visita de varios días a esa ciudad.

Este inició de la conversación de parte de Jesús dio pauta a que le permitió compartir su mensaje a un pueblo que era excluido por los judíos porque el lugar para adorar a Dios o Jesús no cuenta, lo que realmente importa es la intención. Analizando los valores de la mujer samaritana de este relato tenemos:

  • Fortaleza, al seguir haciendo su vida productiva a pesar de las críticas ante su situación.
  • Paciencia, para escuchar sobre nuevas noticias relacionadas con la fe
  • Pacifismo, al no entrar en conflicto con Jesús solamente porque un hombre judío le pidió algo.
  • Honestidad en aceptar su situación de convivir con un hombre con el cual no estaba casada
  • Compartir con otros, esa oportunidades de bienestar al escuchar la palabra de Jesús.

CONCLUSIONES

  1. Podemos avanzar sin temor en la vida
  2. Una percepción es sólo un punto de vista
  3. Cada uno de nosotros tenemos una verdad
  4. Algunas ocasiones creemos en las conversaciones colectivas (el “odio” entre los pueblos)
  5. Todos somos uno, la separación se da en el momento que le doy importancia a una percepción, nadie es ni inferior o superior como ser humano.
  6. Salir de la ignorancia de las separaciones por nacionalidad, sexo o raza proporciona mayores oportunidades como seres humanos.
  7. Podemos superar la idea que nos separa de las otras personas al encontrar un punto de coincidencia.
  8. Todos somos dignos de diseñar la vida que deseamos acorde al propósito de Dios.

¿Cuántas veces nos sentimos excluidos por nuestra apariencia? Todos somos iguales ante Dios y ante las leyes, y aislar a alguien por su género, raza o etnia no es sano para nadie. Muchas veces nos anclamos a una etiqueta permitiendo que nos autodefina y cerrando las posibilidades de lograr lo que realmente deseamos.

Oh Dios, restáuranos; Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos.

Salmos 80:3

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